A todos nos ha pasado: comemos algo que no nos cae bien y pasamos una tarde fatal con el estómago revuelto. A nuestros perros les pasa exactamente lo mismo. Sin embargo, como ellos no pueden decirnos "me duele la panza", es fundamental que sepamos reconocer los síntomas de una mala digestión y qué hacer para ayudarlos a sentirse mejor.
A continuación, te explicamos por qué ocurre, cómo detectarla y de qué manera puedes proteger el estómago de tu mejor amigo.
Mientras que la colitis es la inflamación específica del colon (intestino grueso) y se nota principalmente por la diarrea con moco o sangre, la mala digestión o indigestión ocurre en las etapas iniciales del proceso digestivo (estómago e intestino delgado). Significa que el cuerpo del perro no está procesando o asimilando los alimentos de manera correcta.
Los perros expresan el malestar estomacal de formas muy particulares. Presta atención a estas señales:
Vómitos o arcadas: Puede expulsar comida semidigerida, saliva espumosa o bilis amarilla (común cuando el estómago está vacío).
Ruidos estomacales fuertes (Borborigmos): Escuchas perfectamente cómo le ruge o le "gorgotea" la panza desde el otro lado de la habitación.
Letargo y postura de "rezo": El perro se ve decaído y adopta una postura estirando las patas delanteras y levantando la cadera. Lo hacen para estirar el abdomen y aliviar el dolor.
Comer pasto con desesperación: Buscan el pasto para inducir el vómito o para aliviar la acidez estomacal.
Salivación excesiva o lamerse los labios: Es una señal inequívoca de que tu perro tiene náuseas.
Gases y eructos: Expulsión de flatulencias con un olor inusualmente fuerte.

Las razones detrás de un empacho o una digestión pesada pueden ser sencillas o requerir atención médica:
Al tragar el alimento casi sin masticar, introducen una gran cantidad de aire (aerofagia), lo que colapsa el estómago.
Sobras de comida humana muy condimentada, grasosa, o alimentos prohibidos (como cebolla, chocolate o lácteos).
El sistema digestivo del perro necesita tiempo para adaptarse a nuevas fórmulas; un cambio de un día para otro causa estragos.
Correr o jugar con el estómago lleno frena la digestión y, peor aún, puede provocar una peligrosa torsión gástrica.
Algunos perros simplemente no toleran bien ciertas proteínas (como el pollo o la res) o los cereales.
En casos crónicos, puede deberse a falta de enzimas pancreáticas (Insuficiencia Pancreática Exocrina) o gastritis.
Si tu perro muestra síntomas leves de indigestión pero sigue teniendo cierta energía, puedes seguir estos pasos:
Dale un descanso a su estómago. Retira la comida durante 12 horas para permitir que las paredes estomacales se desinflamen. No le retires el agua, pero dásela en cantidades pequeñas para que no beba con desesperación y vuelva a vomitar.
Pasado el ayuno, introduce una comida muy ligera en 3 o 4 porciones pequeñas durante el día.
Aviso importante:. Muchos protectores estomacales humanos son altamente tóxicos para los perros.
Usa platos lentos: Si tu perro devora la comida, cómprale un comedero antivoracidad (con laberintos). Esto lo obligará a comer despacio y masticar.
Divide sus porciones: En lugar de darle una gran toma al día, divide su ración diaria en 2 o 3 porciones.
Reposo post-comida: Prohibido el ejercicio fuerte, saltos o paseos intensos hasta que hayan pasado al menos 1 o 2 horas después de comer.
Ojo con los extras: Si quieres consentirlo, usa premios específicos para perros y evita las sobras de la mesa.
La mala digestión suele pasar en 24 horas. Sin embargo, debes acudir urgencias si:
El perro intenta vomitar pero no sale nada y notas su abdomen inflamado y duro (sospecha de torsión gástrica).
Los vómitos o la apatía duran más de 24 horas.
Hay sangre en el vómito.
Es un cachorro o un perro anciano, ya que se deshidratan muy rápido.